Manuela Álvarez y «las heridas» que inspiraron su propuesta

La diseñadora colombiana Manuela Álvarez inauguró Colombiamoda 2026 con una colección construida a partir de un recorrido cromático del negro al crudo, donde cada color representó una etapa de su proceso de transformación a raíz de sus propias heridas.

Por Juanita Gómez. Imágenes: cortesía.

La edición número 37 de Colombiamoda abrió con Oh My Heart, la nueva colección de MAZ Manuela Álvarez. A través de una transición cromática del negro al crudo, la diseñadora construyó una pasarela donde cada cambio de color representó una etapa del proceso de transformación.

Inspirada en Oh My Heart, la canción de R.E.M. publicada en 2011, la colección nace de una experiencia personal. Álvarez explicó que una ruptura amorosa, una decepción profesional y otras situaciones de la vida la llevaron a plasmar lo que ocurre cuando aquello sobre lo que construimos nuestra identidad deja de sostenerse.

La impermanencia como punto de partida

“No existe experiencia más humana que la impermanencia”.  La frase, compartida por la diseñadora antes del desfile, fue la base de toda su colección.

Más que hablar de la pérdida, el concepto propone pensar en todas aquellas versiones de nosotros mismos que desaparecen a lo largo de la vida. Una idea, una certeza, un proyecto o incluso una identidad pueden desmoronarse hasta obligarnos a construir una nueva forma de habitar el mundo.

El negro, la fractura

El negro inauguró el recorrido como el espacio donde las estructuras empiezan a fracturarse. No simboliza únicamente la tristeza, también la resistencia. Es el instante en que aquello que sostenía la identidad deja de hacerlo y el individuo intenta conservar una versión de sí mismo que ya empieza a desaparecer.

El rojo, la herida

Después apareció el rojo como el momento en que la herida deja de ser negada. El dolor deja de combatirse y empieza a reconocerse. No existe todavía reconciliación, pero si la presencia.

El azul, dejar de luchar

Luego surgió el azul. Que anuncia el fin de la lucha contra el sufrimiento, no su final. Entonces esta etapa habla de respiración, de pausa y de la posibilidad de volver a oír el corazón después de haber atravesado el conflicto.

El crudo, la aceptación

Después de vivir y afrontar esas experiencias, finalmente llegó el crudo. No es un blanco perfecto. Este conserva la textura, las fibras y las huellas de la materia. Es un color que evita cualquier idea de pureza o de reinicio absoluto. La transformación lejos de eliminar lo vivido, lo incorpora al ser.

La colección propone así una idea que atraviesa toda la pasarela: las heridas no desaparecen. Se integran.

El color como dramaturgia

Desde la primera salida quedó claro que Oh My Heart no estaba organizada por bloques independientes, sino como un recorrido continuo. La pasarela inició con siluetas completamente negras, volúmenes amplios, textiles intervenidos y largas franjas que rozaban el suelo.

Las modelos caminaban con el mentón inclinado, la mirada hacia abajo y, en algunos casos, la cara cubierta por velos translúcidos. El negro se convirtió en el lenguaje visual del colapso.

El rojo apareció sin desplazar al negro. Los dos tonos convivieron evidenciando que la transformación no ocurre de manera inmediata. Los tejidos abiertos, las superficies desgarradas y las fibras expuestas reforzaban la idea de una herida que seguía presente. Incluso las modelos mantenían una postura introspectiva, con la cabeza inclinada y la mirada apenas despegándose del suelo.

La llegada del azul siguió la misma lógica. Primero compartió espacio con el rojo y luego dominó la colección. El cambio también ocurrió en el cuerpo: las modelos levantaron lentamente el mentón y dirigieron la mirada hacia el frente, acompañando con sus movimientos la evolución que ya proponía el color.

El recorrido culminó con el crudo que apareció primero como pequeñas intervenciones en el azul y terminó ocupando completamente la última salida a pasarela. Sin embargo, no fue un blanco absoluto. 

El crudo consrvó la textura, las fibras y las huellas de la materia. Se alejó de cualquier idea de pureza o de reinicio —con los pies aún pintados de rojo—. Del mismo modo en que el azul invadió al rojo y el rojo al negro, el crudo apareció sin borrar las etapas anteriores de la transformación.

Transcendiendo el vestuario

La pasarela estuvo acompañada por una composición original de Camilo Rojas, interpretada en vivo por la Orquesta Filarmónica de Medellín, como una parte contundente y muy específica de toda la narrativa de la propuesta.

La colección también evidencia el interés de Manuela Álvarez por la experimentación material. Cueros termoformados y trenzados, desarrollos textiles junto a Mateo Perea, Tejidos Chakana, nuevas exploraciones en tejido de punto y estampación con Sutex, así como la colaboración con la Universidad de los Andes y Carolina Obregón para incorporar tintes biobacterianos al performance, ampliaron la conversación entre diseño, artesanía, ciencia y sostenibilidad.

Antes de la última salida completamente cruda, la pasarela se detuvo frente a una silla cubierta con un lienzo del mismo color. Sobre la tela, una frase bordada en negro resumía el sentido de Oh My Heart: «Estoy aquí; yo soy mi propia testigo».

Ese gesto condensó el mensaje de la colección. Más allá de la innovación técnica o de la puesta en escena, Manuela Álvarez inauguró Colombiamoda 2026 con una propuesta que fusionó música, diseño y puesta en escena en un mismo lenguaje para hablar de la transformación. Una colección que recordó que la moda no solo viste cuerpos; también es capaz de narrar experiencias humanas.

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