Esta versión del famoso festival de música funcionó menos como cartel musical y más como plataforma de posicionamiento cultural. Sabrina Carpenter, Justin Bieber y Karol G no solo encabezaron el festival; propusieron tres modelos distintos de entender el vestuario en escena.
Por: Juanita Gómez Zapata . Fotos: Imágenes tomadas de internet.

En su aniversario 25, Coachella confirmó algo que la industria ya venía sintiendo: el verdadero cartelno solo se mide en streams, sino en narrativa visual. Sabrina Carpenter, Justin Bieber y Karol G no solo lideraron el cartel, también marcaron tres formas distintas de entender la moda en el escenario.
En ese contexto, lo que vimos en esta edición no fue simplemente una serie de presentaciones memorables, sino una confirmación de cómo está cambiando la forma en la que consumimos imagen dentro de la cultura pop.
Hoy, en Coachella, la ropa es parte del discurso. Los artistas además de cantar, construyen personajes, atmósferas y narrativas que existen tanto en el performance como en lo visual, y ahí es donde la moda deja de ser decoración para convertirse en una herramienta real de posicionamiento cultural.
SABRINA CARPENTER: vestuario como construcción escénica
Su show —construido bajo el concepto “Sabrinawood”— convirtió el escenario en un set de Old Hollywood, con referencias directas al cine clásico, Broadway y Studio 54. Pero lo más interesante, más allá de la estética fue cómo la sostuvo a través del vestuario.
Cinco looks, todos hechos a medida por Dior bajo la dirección de Jonathan Anderson, funcionaron como capítulos dentro de una misma narrativa.
- Look 1: Abrigo rojo dramático que cae para revelar un minivestido de lentejuelas rojo rubí.


- Look 2: Cuello alto azul cobalto con medias negras al estilo minimalismo setentero.


- Look 3: Body dorado con capa fluida.


- Look 4: Top halter con perlas, micro shorts y falda de flecos.



- Look 5: Body de encaje negro con alas escultóricas.


JUSTIN BIEBER: reducción como estrategia
En un entorno definido por el exceso visual, Bieber optó por lo contrario.
Su vestuario —hoodie oversize, shorts, gafas oscuras— eliminó cualquier intención de espectáculo en términos tradicionales. Sin embargo, esa aparente simplicidad responde a una decisión clara por reforzar su identidad a través de la coherencia.


Su punto más relevante fue la interacción con sus videos antiguos de YouTube, lo que desplazó el foco del styling hacia la memoria y la trayectoria. El resultado dividió opiniones, pero confirmó que, en el contexto actual, la ausencia de artificio también comunica y que cuando no quieren “verse a la moda”, también se está hablando en un lenguaje de moda.


KAROL G: estética como representación cultural
La colombiana hizo historia, y lo hizo entendiendo perfectamente qué significa hoy estar en ese escenario: representar algo más grande que ella. Su estética —“Tropicoqueta”— es una declaración cultural.
Y, aunque sus looks funcionaron como símbolos, lo más potente fue el mensaje que transmitió junto con estos. Su discurso dirigido a la comunidad latina convirtió el show en algo que trascendía el entretenimiento. convirtió el show en algo político, emocional y cultural.
Todos sus looks respondían a esa narrativa:
- Look “Eva”: Bralette y bikini cubierto.


- Look blanco: Mangas onduladas con la bandera de Colombia.


- Look azul con plumas naranjas: Referencia directa a un guacamayo.


- Variaciones tropicales: Pareos, flecos, transparencias, plataformas plateadas.



Del escenario al público: el cambio de código
El impacto no se limitó a los artistas. También se reflejó en la audiencia.
Mientras gran parte de asistentes, influenciadores y creadores de contenido mantuvieron una estética altamente producida —plumas, transparencias, brillos—, Kendall Jenner y Kylie Jenner aparecieron con una fórmula opuesta: camiseta blanca, jeans y gorra Sin esfuerzo aparente, sin espectáculo. Y, sin embargo, fueron las más fotografiadas, comentadas y replicadas.


Ese contraste dice mucho, ya que, durante años, Coachella funcionó bajo la lógica de que mientras más producido el look, mayor la atención. Hoy, en un contexto donde todo está hiperproducido, la ecuación se invierte. Además, la moda ya no es un complemento del show, es parte del lenguaje con el que los artistas —y ahora también los asistentes— definen quiénes son.





