La colecciónTransparecia fue desarrollada completamente a partir de remanufactura y prendas fuera de circulación de la marca. La alianza marca un hito para Latinoamérica al incorporar el primer pasaporte digital en una colección masiva de la región.
Por: Juanita Gómez. Imágenes: Cortesía BFW.

Transparencia, la colección presentada por Gef y el diseñador Alejandro Crocker en Bogotá Fashion Week 2026, nació desde una pregunta muy específica: ¿cómo seguir creando moda sin producir desde cero?
El resultado fue una propuesta construida completamente a partir de prendas existentes, intervenidas mediante procesos de remanufactura artesanal, donde sostenibilidad, diseño y comunidad se terminaron funcionando como un mismo lenguaje.
El denim dominó gran parte del recorrido: jeans reconstruidos, páneles ensamblados nuevamente, chaquetas de siluetas oversized, patchwork visible, costuras expuestas y piezas donde todavía podía percibirse la memoria de las prendas originales.
La primera colección masiva remanufacturada
Lo más importante de Transparencia es que la colección representa uno de los ejercicios de remanufactura más ambiciosos que se han hecho dentro de la moda masiva latinoamericana.



Según explicó Alejandro Crocker en conversación previa al desfile, para desarrollar la colección “no se compró absolutamente nada nuevo”. Lo único adquirido durante el proceso fueron hilo y agujas.
Todas las piezas nacieron del inventario existente de GEF que ya se encontraba fuera de circulación. Jeans, chaquetas, overshirts, bermudas y otras referencias de temporadas anteriores fueron desmontadas manualmente para convertirse en nuevas prendas.



“Es la primera colección masiva hecha 100 % de upcycling del mundo”, explicó Crocker durante la entrevista. Y aunque la frase puede sonar enorme, el nivel de complejidad detrás del proyecto ayuda a entender por qué.
Una colección construida literalmente a mano
Uno de los aspectos más interesantes del proyecto fue entender que la remanufactura no podía industrializarse completamente.



Cada prenda tuvo que ser desarmada manualmente pieza por pieza antes de volver a ensamblarse. Y precisamente ahí apareció uno de los componentes más importantes de la colección: el trabajo comunitario.
El proyecto involucró talleres satélites conformados principalmente por mujeres cabeza de familia y migrantes venezolanas que previamente habían participado en procesos de formación liderados por Crocker alrededor de creatividad, diseño y confección.



En total, 18 mujeres participaron directamente en la elaboración manual de las prendas. De hecho, muchas de las etiquetas externas de la colección dicen “Hecho en comunidad”.
El denim como símbolo de transformación
Visualmente, el denim fue el gran protagonista de la pasarela. Pero no desde una lectura clásica o comercial del jean, sino desde su historia cultural. Crocker explicó que gran parte de la inspiración nace del denim asociado históricamente a la contracultura, a la libertad y el cambio social de los años 90.



Presentó pantalones amplios construidos desde múltiples páneles, chaquetas reconstruidas con nuevas proporciones, vestidos ensamblados desde piezas recicladas y looks donde el desgaste, las costuras visibles y las uniones entre textiles se convertían en parte central de la estética.
Incluso dentro de la producción masiva, cada pieza mantiene cierto nivel de individualidad porque proviene de composiciones textiles diferentes. Ninguna prenda es completamente idéntica a otra.
Transparencia: dejar ver lo que normalmente no se muestra
El nombre Transparencia parte justamente de la idea de mostrar lo que normalmente permanece oculto dentro de la industria de la moda: quién hace las prendas, cómo se producen, cuánto consumen y qué impacto generan.



Por eso cada pieza incorpora un código QR que funciona como un pasaporte digital, desarrollado junto a la cooperación alemana GIZ.
A través de ese sistema, el consumidor puede conocer la trazabilidad completa de la prenda: origen de los materiales, procesos de transformación, impacto ambiental, ahorro en huella de carbono e incluso opciones futuras para reparar, revender o donar la pieza.
https://www.tracesurfer.com/c/crystal/aview/AAE00056
Para Grupo Crystal, este proyecto representa además el primer pasaporte digital implementado en una marca latina de moda masiva.
Rock latinoamericano, nostalgia y rebeldía
La música de la pasarela terminó funcionando casi como otro material de la colección.



Durante el desfile sonaron referencias al rock latinoamericano de los años 80 y 90. Crocker explicó que le interesaba conectar la colección con ese momento en que el rock en español empezó a construir una identidad propia dentro de Latinoamérica.
Mientras sonaban canciones como Tren al Sur de Los Prisioneros, la narrativa visual evolucionaba desde denim desgastado y lavados claros hacia prendas más oscuras y estructuradas.

Después apareció también Muévelo de Kali Uchis y finalmente una versión lírica de Persiana Americana, interpretada en vivo por Dolores Te Canta durante el cierre del desfile.
Toda esa mezcla musical ayudó a sostener la idea de transformación y reconstrucción – incluso un tanto de nostalgia – que atravesaba la colección completa.
GEF X Crocker: dos universos, una sola propuesta
Uno de los riesgos más grandes de este tipo de colaboraciones es que una de las dos identidades termine desapareciendo. Pero aquí ocurrió lo contrario.
GEF sigue sintiéndose GEF. Y Alejandro Crocker sigue sintiéndose Alejandro Crocker.


La colección encontró un punto medio bastante inteligente entre diseño de autor y escala comercial. Las prendas mantienen la experimentación, las proporciones amplias y la construcción artesanal propias del universo de Crocker, pero aterrizadas dentro de una propuesta mucho más asequible y portable.
Como le comentó Catalina Ochoa, gerente de mercadeo de Grupo Crystal, a Código Malva: “GEF le bajó el volumen a Alejandro Crocker y Alejandro Crocker le subió el volumen a GEF”.
Una conversación sostenible y emocional
Transparencia dejó una conversación muy importante dentro de Bogotá Fashion Week, gracias a que la colección más allá de hablar solamente de ropa, habló de producción, comunidad, trazabilidad, consumo y segundas oportunidades.

En el cierre del desfile, junto a los modelos aparecieron también las personas que confeccionaron las prendas. Las mujeres que literalmente desmontaron y reconstruyeron cada pieza a mano.
Y en un momento donde la industria todavía sigue intentando entender cómo hacer moda de una manera más responsable, GEF y Alejandro Crocker lograron convertir esa conversación en algo comercial y emocional al mismo tiempo.






