El envejecimiento de la población y el auge de la llamada “economía plateada” están transformando la cultura, el consumo y el branding. La edad ya no define quiénes somos ni cómo compramos.
Por: Equipo Código Malva. Fotos: Tomadas de internet.

Durante décadas, la vida se entendió como una secuencia clara: estudiar, trabajar, consolidarse y retirarse. Hoy, ese esquema está cambiando. Vivimos más, cambiamos de rumbo con mayor frecuencia y nuestras identidades se vuelven más flexibles. En este contexto, la edad deja de ser un indicador suficiente para explicar cómo vivimos, qué nos interesa o cómo consumimos.
El cambio no es solo demográfico, sino cultural. En Colombia, cerca de 15 % de la población ya tiene más de 60 años, y se proyecta que para 2050 uno de cada cinco colombianos estará en este rango, según datos de Corficolombiana. A esto se suma la caída sostenida de la natalidad registrada por el DANE, lo que está reconfigurando la estructura poblacional. Este escenario ha impulsado el crecimiento de la llamada economía plateada, un segmento que deja de ser visto como pasivo para consolidarse como un actor clave en el consumo, la cultura y la producción.
Una nueva forma de entender la edad
Cada vez es más común ver a personas mayores de 55 años ocupando espacios relevantes en la cultura, los medios y el entretenimiento. No responden a la lógica de aparentar otra edad ni a la idea de cierre vital. Por el contrario, proyectan continuidad, curiosidad y presencia activa en la conversación contemporánea.

En este contexto, la juventud deja de asociarse exclusivamente con la edad biológica y empieza a entenderse como una actitud: apertura al cambio, disposición al aprendizaje y capacidad de adaptación.
El fin del ciclo lineal
El modelo tradicional —formación, trabajo, estabilidad y retiro— pierde vigencia frente a trayectorias más fragmentadas y dinámicas. Cambiar de rumbo ya no se interpreta necesariamente como una crisis, sino como una forma de mantenerse activo dentro de un entorno en constante transformación.

Este cambio también impacta el consumo. Las decisiones de compra dejan de responder a etapas rígidas de la vida y se vinculan más a intereses, momentos personales y estilos de vida.
¿Cómo compran los nuevos consumidores?
Lejos del consumo impulsivo, este grupo prioriza la coherencia, la calidad y el bienestar. Según la Cámara de Comercio de Bogotá, las personas mayores de 60 años tienen una alta capacidad de gasto y toman decisiones más intencionales, con preferencia por productos duraderos y experiencias significativas.

Además, su rol dentro de la economía es activo: 23,8 % de los propietarios de empresas en Bogotá pertenece a este grupo etario, lo que evidencia una participación sostenida en la actividad productiva. Esto demuestra que no solo son consumidores, sino creadores de valor y tomadores de decisiones que algunas marcas están ignorando.
Del dato a la mentalidad
Este nuevo escenario está obligando a las marcas a replantear sus estrategias. La segmentación tradicional por edad pierde relevancia frente a categorías como mentalidad, estilo de vida o momento vital.

En marzo de 2026, la Cámara de Comercio de Bogotá lanzó el Clúster de Economía Plateada, reconociendo la necesidad de adaptar sectores como la moda, el turismo y la tecnología a este consumidor.
Sin embargo, persiste un desfase. Estudios de mercado indican que cerca de 60 % de las mujeres mayores de 55 años no se sienten representadas en la publicidad actual, lo que evidencia una desconexión entre la comunicación de las marcas y la realidad del público.

Esta brecha no solo es un problema de representación, también es una oportunidad de mercado desaprovechada. Las marcas que logren conectar con este segmento pueden construir lealtad en un consumidor que presenta mayor estabilidad financiera y una relación más consciente con el consumo.
Más allá del estatus
Durante años, el consumo estuvo asociado a la acumulación y al estatus. Hoy, esa lógica se transforma. La relevancia ya no se mide únicamente por lo que se tiene, sino por la capacidad de evolucionar, elegir con criterio y construir una relación más consciente con lo que se consume.

En este contexto, la edad deja de funcionar como una categoría fija. Lo que define a las personas no es un número, sino su energía, su apertura al cambio y su capacidad de seguir transformándose.
La llamada economía plateada no solo responde a un cambio demográfico, sino a una reconfiguración cultural más amplia. En un entorno donde las trayectorias son cada vez menos lineales, la edad pierde peso como eje organizador de la vida y del consumo. En su lugar, emergen nuevas formas de identidad construidas desde la experiencia, la flexibilidad y la posibilidad constante de reinvención.





