Entre sastrería, bordados, iconografía religiosa, postales, cítricos y artesanía, la colección masculina primavera-verano 2027 de Dolce & Gabbana convirtió las vacaciones mediterráneas en una declaración sobre la identidad de la casa.
Por: Juanita Gómez. Imágenes: tomadas de internet.

Con Vacanze Siciliane, Domenico Dolce y Stefano Gabbana regresaron al territorio que ha definido su imaginario durante décadas. “Sicilia es la clave de todo” fue la frase de Johann Wolfgang von Goethe, escritor y dramaturgo alemán del siglo XVIII, elegida para acompañar la colección.
Desde sus primeras colecciones, el dúo de diseñadores sicilianos ha construido buena parte del lenguaje de la casa alrededor de la isla: el negro asociado al luto y la tradición católica; el blanco bajo el sol mediterráneo; la sensualidad; la sastrería italiana; los encajes; la ornamentación religiosa; los cítricos, y una idea de opulencia profundamente ligada al sur de Italia.


Esta vez, Sicilia apareció imaginada a través de las vacaciones de las décadas de 1950 y 1960 y de la figura de un hombre que transita entre el descanso y la sofisticación. Las prendas ligeras y relajadas introdujeron la sensación de estar llegando a un hotel frente al Mediterráneo.
Pero estas no son unas vacaciones discretas.
De vacaciones, pero vestido para ser visto
Vacanze Siciliane dibuja un personaje reconocible. Es un hombre que puede pasar el día junto al Mediterráneo, pero cuyo guardarropa contempla también cenas, reuniones, fiestas y otros escenarios donde vestirse continúa siendo una forma de presencia.



Por eso, incluso cuando las siluetas se relajan, la sastrería permanece como una estructura fundamental. Chaquetas de hombros definidos conviven con pantalones de cintura alta, pinzas marcadas y volúmenes amplios pero controlados, una proporción que también apareció repetidamente durante esta temporada masculina.
El traje se adapta al verano sin desaparecer. El lino y las mezclas ligeras reducen su peso; las camisas se abren para dejar visibles la clavícula y parte del pecho, mientras chalecos y prendas de punto sustituyen en ocasiones a la camisa tradicional.



Hay sensualidad, pero no surge necesariamente de desnudar el cuerpo por completo. Está en la camisa desabotonada, en la cintura marcada por un cinturón ornamentado, en la piel visible bajo una chaqueta estructurada y en el contraste entre una silueta formal y una actitud deliberadamente relajada.
Es un hombre consciente de cómo se ve: internacional, seguro de sí mismo y concebido desde una fantasía aspiracional del verano italiano.
Sicilia se lleva puesta
La isla no aparece únicamente como escenario conceptual. Está literalmente sobre las prendas.
Postales antiguas, mensajes manuscritos, paisajes, referencias a Taormina, imágenes de archivo y motivos inspirados en la iconografía siciliana convierten algunas camisas en una especie de álbum de viaje. Limones y otros cítricos recorren tejidos ligeros, mientras azules, turquesas, verdes, amarillos y naranjas trasladan al guardarropa los colores del Mediterráneo.



Está la isla luminosa de las vacaciones y también la Sicilia religiosa: rosarios y cruces aparecen alrededor del cuello, mientras broches, piedras y aplicaciones recuerdan tanto las joyas heredadas como la ornamentación de las iglesias barrocas.



Esa acumulación resulta esencial para entender el lenguaje de Dolce & Gabbana. Aquí, la decoración no funciona simplemente como complemento de una prenda terminada. En muchos casos, es aquello que define su identidad.
Joyas que forman parte de la ropa
La ornamentación atravesó visualmente toda Vacanze Siciliane.
Broches y piedras aparecieron sobre solapas, bolsillos y chaquetas, pero también recorrieron cinturones, denim, carteras y zapatos. Cristales, corales y piezas de apariencia mineral se distribuyeron sobre las prendas hasta borrar, en algunos momentos, la frontera entre ropa y joyería.



Una chaqueta oscura se convirtió en soporte para decenas de pequeños broches; los pantalones incorporaron aplicaciones brillantes y las hebillas dejaron de ser únicamente funcionales para ocupar el centro visual de la cintura.



Ese contraste resultó especialmente evidente en el denim. Jeans desgastados o rasgados, asociados a un guardarropa informal, se combinaron con bordados, cristales, cinturones ornamentales y piezas de sastrería.
La artesanía convierte el guardarropa en paisaje
Más allá de la ornamentación, uno de los argumentos más sólidos de la colección está en el trabajo artesanal.



El calado y el bordado Sangallo trasladan técnicas vinculadas tradicionalmente a manteles, cortinas y ropa de hogar hacia camisas, pantalones y conjuntos completos. Los motivos perforados permiten que la piel forme parte del diseño y aportan ligereza a prendas que conservan una elaboración compleja.
El crochet y los tejidos abiertos refuerzan esa sensación manual. Algunas piezas evocan redes y cuerdas marineras, mientras otras recurren a técnicas aplicadas sobre cuero y gamuza para reproducir visualmente la apariencia del tejido.



El resultado parece pensado para vestirse sin esfuerzo durante las vacaciones, aunque detrás de esa aparente facilidad exista una enorme cantidad de trabajo.
Del Mediterráneo de los cincuenta a la opulencia contemporánea
Ese imaginario del veraneo mediterráneo toma forma en polos tejidos, camisas de cuello abierto, pantalones de cintura alta y rayas que evocan antiguos trajes de baño. Dolce & Gabbana lo desplaza hacia el presente mediante denim desgastado, carteras de gran tamaño, accesorios abundantes y pantalones cortos, una de las siluetas recurrentes de la temporada masculina.



Incluso en sus momentos más relajados, Vacanze Siciliane evita convertirse simplemente en resortwear. Bordados, joyas, cruces, hebillas y sastrería mantienen cada look dentro del universo de la casa.
Sicilia vuelve a ser el punto de partida, pero la colección demuestra que recurrir a códigos conocidos no implica necesariamente repetirlos. El desafío está en encontrar nuevas formas de trabajar una identidad desarrollada durante décadas.



Frente a un lujo contemporáneo que con frecuencia apuesta por la discreción y el minimalismo, Dolce & Gabbana reafirma la exuberancia como parte de su lenguaje. La artesanía, la sastrería relajada y la ornamentación dibujan a un hombre que no teme al color, las joyas ni la decoración. Aquí, vestirse sigue siendo también una forma de hacerse visible.
Un final en blanco
Después de un recorrido marcado por el negro, el denim, los estampados, los bordados, las piedras, los cítricos, los tonos pastel y una intensa acumulación visual, los modelos regresaron juntos a la pasarela vestidos completamente de blanco.

Blazers, pantalones relajados, camisas, camisetas y las clásicas camisetas de tirantes construyeron una imagen mucho más esencial. El blanco remitía a la luminosidad siciliana, pero dentro de la narrativa del desfile admitió también otra lectura.
Después de dedicar una colección entera a reafirmar quién es Dolce & Gabbana, la casa terminó frente a una especie de lienzo en blanco.
Una imagen que deja abierta una pregunta especialmente pertinente para una firma con una identidad tan reconocible: después de volver al origen, ¿hacia dónde se puede avanzar sin dejar de ser uno mismo?





