Con VOL. 7, CULdeBAL llevó a Bogotá Fashion Week 2026 una propuesta atravesada por la fotografía, el cuerpo y la imperfección, cuestionando las ideas tradicionales de belleza desde imágenes y espacios cotidianos.
Por: equipo Código Malva. Imágenes: cortesía de BFW.
La marca colombiana presentó en el BFW2026 una de las pasarelas más experimentales de esta edición. Bajo el nombre VOL. 7, Alejandra Quintero, construyó una colección que partía de cicatrices, baños, manchas, recuerdos y cuerpos reales para hablar de vulnerabilidad, identidad y libertad desde un lugar mucho más cotidiano y honesto.



La colección nació del archivo fotográfico construido durante más de 16 años por la artista, quien es la directora creativa de la marca, en distintos balnearios, playas y espacios públicos de varios países.



Ese universo visual terminó convirtiéndose en el centro conceptual de la pasarela, siendo una propuesta que entiende el cuerpo no desde la perfección, sino desde la experiencia, la memoria y la realidad de habitarlo.



La belleza más allá de “lo perfecto”
CULdeBAL nació -inicialmente bajo el nombre de Balnearios- gracias a que Quintero quiso plasmar en prendas todo ese universo visual que ha recopilado a lo largo de su carrera como fotógrafa.



Su trabajo artístico habla de cuerpos que no son perfectos; bellezas que no son tradicionales; retratos que sobrepasan lo que pueden ser los parámetros estéticos establecidos.
La marca ha ido evolucionando también en su propuesta de moda y en sus siluetas: ya no solo desde lo gráfico sino también desde los conceptual y lo vanguardista que, en nuestro criterio, tiene una marcada influencia de diseñadoras como Olga Piedrahita y de la escuela arquitectónica llegada de Oriente.



Esta colección, sin duda, mostró toda este evolución. Desde el inicio de la pasarela, VOL. 7 dejó claro que no estaba interesada en construir una visión limpia o idealizada de la belleza. Hubo manchas, superposiciones, texturas desgastadas, transparencias y siluetas que parecían moverse entre el caos y la intimidad.
La colección trabajó mucho sobre la idea de mostrar aquello que normalmente se corrige o se esconde. Y eso apareció tanto en las prendas como en el ambiente general de la pasarela.



Más que hablar de sensualidad, la colección hablaba de vulnerabilidad. De aceptar el cuerpo, las cicatrices y la imperfección desde un lugar mucho menos solemne y mucho más libre.
La vulnerabilidad como propuesta estética
Uno de los puntos más interesantes fue cómo logró convertir espacios y elementos cotidianos en parte de la narrativa estética de la colección. Baños, balnearios, superficies desgastadas y paisajes intervenidos aparecían como referencias constantes dentro del imaginario de la marca.



En lugar de romantizar esos espacios, CULdeBAL los utilizó para cuestionar las ideas tradicionales de perfección y belleza dentro de la moda.
Las prendas trabajaban mucho desde las capas, el volumen, las estructuras amplias y ciertas proporciones exageradas que reforzaban esa sensación de libertad corporal. También se vio una mezcla constante entre elementos urbanos, deportivos y experimentales que le imprimen a la colección una fuerza única.



Un concepto que genera incomodidad
La colección no parecía construida únicamente para verse bien en pasarela. Fue hecha para generar incomodidad y reflexión alrededor de cómo entendemos el cuerpo, la belleza e incluso la vulnerabilidad hoy. Algo que Quintero sabe hacer muy bien gracias a que su trabajo ha estado marcado por esa realidad que viene de fotografiar la vida misma.



Esta colección de CULdeBAL, sin duda, fue una de las mejores propuestas de este Bogotá Fashion Week no solo porque está muy bien lograda en los temas más “técnicos” como uso de materiales, estampados potentes, sublimación perfecta y siluetas modernas, sino también porque logra tener una verdadera coherencia en un concepto que es muy difícil de llevar a un escenario como este y a un público que muchas veces está en espera de algo menos disruptivo.






