Lo que no pasó con la moda en la FILBO

La ausencia de libros de moda en la FILBO revela un problema más profundo: la falta de memoria, archivo y pensamiento crítico sobre la moda en Colombia.

Por Juanita Gómez Zapata. Imágenes: Tomadas de internet.

Imagen generada con IA.

Recorrí más de la mitad de la Feria del Libro de Bogotá. Cuatro pabellones completos, decenas de estands y búsquedas muy puntuales. No estaba buscando nada raro ni imposible: libros de moda. Historia, industria, crítica, diseño… algo.

Y lo que encontré fue, básicamente, nada.

En toda la feria solo encontré dos estands en los que había libros relacionados con moda. En uno, la trilogía de El diablo viste a la moda. En el otro, menos de una docena de títulos, la mayoría publicados entre 2009 y 2010. Libros antiguos, desactualizados, sin una lectura contemporánea de la industria. El resto eran publicaciones para adolescentes de hace más de una década, manuales de estilo bastante pobres, guías de cabello o joyería muy de su época y otros que no se deberían considerar en ninguna sección que referencia el estilo. Nada que realmente recogiera procesos, pensamiento, contexto o historia.

Y eso es lo que más me molesta. No es solo que haya pocos, es que no parece haber ninguna intención de que haya más.

El año pasado ya había percibido su escasez, pero este año ni siquiera eso. El año pasado, por lo menos, aparecían títulos como los Little Book de Chanel, Prada o Hermès, biografías de diseñadores, algunos libros sobre lujo o incluso diseño de espacios. Este año, nada. Ni historia de la moda, ni casas, ni diseñadores, ni industria. Ni siquiera importados.

Y cuando uno empieza a buscar más allá, la sensación empeora. Libros como Estudios de la moda en Colombia, que deberían estar disponibles en un espacio como la FILBO, son difíciles de encontrar incluso dentro de la feria. Desviste a la moda de William Cruz Bermeo, que propone una lectura crítica, no aparece. Pilares del lujo latinoamericano de Lina Bustillo, tampoco. Muchos de estos textos existen, sí, pero no circulan. No están en estanterías, ni están al alcance, y ni siquiera llegan a estar en la conversación.

Entonces no es solo que no haya libros. Es que los pocos que sí aportan tampoco están.

Y eso se siente también en la forma en la que te responden cuando preguntas a los vendedores. No hay interés, tampoco los buscan, y menos se les ve intención de ayudarte a encontrar algo similar. Es como si simplemente no fuera un tema relevante dentro del ecosistema editorial.

Mientras tanto, lo que sí abunda son otros libros. Libros de gente que simplemente aprovechó un momento de visibilidad para publicar algo, sin realmente tener mucho que decir. Están ahí, apilados en mesas de descuento, a 10.000 o 20.000 pesos, y aun así no se venden. Más que libros, parecen un intento de mantenerse vigentes – que como es de esperarse, sale mal-. Y ahí se hace evidente que no todo lo que se publica aporta.

Porque mientras eso pasa, lo que realmente hace falta (archivo, análisis, memoria) sigue sin escribirse.

Sin registro no hay memoria

Y esto refleja algo más de fondo. No es solo un problema de editoriales, es un problema cultural sobre cómo seguimos entendiendo la moda. Todavía se ve como algo superficial, algo que no necesita ser pensado ni documentado en serio. Y eso termina afectando todo, tanto lo que se escribe, cómo lo que se publica y lo que se distribuye.

En el Foro Moda & Memoria de Ixel Moda y Código Malva se habló justamente de eso. De cómo la moda necesita registro para poder existir en el tiempo. Pilar Luna lo decía: “la memoria necesita criterio, independencia y contexto”. No basta con que algo circule, tiene que tener profundidad.

Hoy hay contenido de moda por todas partes. Redes sociales, creadores, portales web, videos, cobertura inmediata. Entonces sí hay contenido, sí hay conversación y sí hay visibilidad. Pero no hay memoria, no hay archivo, no hay construcción a largo plazo.

Y ahí es donde todo empieza a conectarse.

La falta de libros, la falta de periodismo crítico, el auge de contenido inmediato… todo responde a lo mismo: se está priorizando lo que funciona hoy, lo que genera alcance, lo que se mueve rápido, más no lo que permanece.

Por eso no me sorprende —aunque sí me incomoda— que el único referente visible en la feria sea El diablo viste a la moda. Y el problema no es que esté ahí. El problema es que sea prácticamente lo único.

Porque más allá de su valor en la cultura pop, sigue siendo ficción. Sigue siendo una historia construida desde otra industria, contexto y realidad. Y además, hoy se siente más impulsada por el momento mediático de la película que por un interés real en la moda como campo de conocimiento.

Que ese sea el único punto de entrada a la moda en una feria del libro, en un país que tiene diseñadores, industria, historia, academia, instituciones… es preocupante.

La moda en Colombia está ahí, se mueve, tiene peso económico y cultural, pero eso no se traduce en lo escrito. No hay suficiente archivo, no hay una narrativa propia clara, no hay textos que realmente expliquen qué está pasando.

Y se siente. Seguimos encontrándonos con lo mismo de siempre. Cuando aparece algo nuevo, muchas veces repite lo que ya se dijo. Y cuando sí hay contenido valioso, casi nunca está disponible donde debería estar.

Al final, lo que queda es una industria que produce, produce, produce… pero no se documenta.

Si esto sigue así, vamos a terminar perdiendo un montón de cosas que ni siquiera estamos dimensionando. Historias, procesos, contexto… todo lo que después uno quiere volver a mirar para entender qué pasó realmente. No vamos a saber qué pasó, quiénes fueron, qué cambió, qué importó.

Porque lo que no se escribe, por más importante que sea, termina desapareciendo igual.

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