En medio del crecimiento del sistema moda en Colombia, el Foro Moda & Memoria de IXEL MODA puso sobre la mesa una pregunta clave: cómo se está construyendo —y quién está construyendo— el relato de la industria.
Análisis Código Malva. Imágenes: cortesía.

La moda colombiana atraviesa un momento de expansión: nuevas marcas, mayor visibilidad internacional y una producción constante de contenido digital. Pero mientras la conversación crece, la memoria sigue siendo un punto débil.
El Foro Moda & Memoria, impulsado por Ixel Moda y CÓDIGO MALVA, abrió una discusión necesaria sobre cómo se está registrando —o dejando de registrar— lo que hoy define a la industria.
El encuentro reunió en distintas ciudades del país a diseñadores, periodistas, académicos y creadores de contenido para abordar una tensión evidente: la moda se produce y se comunica cada vez más rápido, pero no siempre se documenta con la misma profundidad. En ese desfase aparece una preocupación central: lo que no se registra con criterio, difícilmente se convierte en memoria.
Más contenido, menos memoria
Hoy la moda tiene más visibilidad que nunca. Redes sociales, coberturas inmediatas y creadores digitales han ampliado el alcance de la industria y han democratizado la conversación. Sin embargo, esa misma velocidad plantea un límite: no todo lo que se publica construye memoria.

Una de las conclusiones planteadas durante el panel fue: “la memoria de la moda necesita criterio, independencia y contexto, no solo alcance”.
El contenido cumple un rol importante en visibilidad, pero no necesariamente en construcción histórica. Lo inmediato registra el momento; la memoria exige interpretación.
Una historia que se está contando por partes
Actualmente, la narrativa de la moda en Colombia se construye desde múltiples frentes: diseñadores, medios, marcas, academia, instituciones y creadores de contenido. Cada uno aporta desde su lugar, pero no siempre existe una articulación entre esas voces.

El resultado es una historia fragmentada, donde muchos procesos, contextos y decisiones quedan por fuera del registro. No por falta de actividad, sino por falta de estructura.
El lugar del periodismo en la industria
Dicho esto, el periodismo especializado mantiene un rol específico. No se limita a cubrir colecciones o replicar tendencias; su función está en construir contexto, investigar y traducir lo que ocurre dentro de la industria.

Como se discutió en el foro, el periodismo en moda permite:
— Conectar el diseño con su contexto social, económico y cultural.
— Explicar por qué una propuesta es relevante.
— Registrar lo que ocurre para que no desaparezca.
También implica asumir una posición crítica. No solo amplificar, sino analizar. No solo mostrar, sino explicar.
El reto no es lo digital, es la fugacidad
Las plataformas digitales ampliaron el acceso a la moda y generaron nuevas formas de participación. Pero también instalaron una lógica de consumo rápido donde el contenido tiene una vida útil corta.

El problema no es el formato, sino su permanencia. Lo inmediato genera visibilidad, pero sin estructura difícilmente se convierte en archivo.
En palabras de Pilar Luna: “el reto no es ir en contra de lo digital, sino lograr que en lo digital también se mantenga la memoria”.
Una responsabilidad compartida
Uno de los puntos más claros del foro fue que la memoria no depende de un solo actor. Se construye de manera colectiva entre medios, diseñadores, academia, marcas, instituciones y creadores de contenido.
Todos participan en la conversación. No todos cumplen el mismo rol.

La industria necesita visibilidad, pero también necesita registro, análisis y archivo. Necesita contenido, pero también necesita criterio. Porque cuando una industria pierde su memoria, pierde la capacidad de entenderse a sí misma.
Y en ese punto, la pregunta deja de ser solo ¿quién está contando la historia? para convertirse en otra más estructural: cómo queremos que se cuente y qué queremos que permanezca.





