Ixel Itinerante se fue a Valledupar para dejar toda la poesía vallenata en cápsulas elaboradas por ocho diseñadores muy diversos. Cada tema elegido, se expresó a través del estilo de cada uno, en una pasarela llena de música, folclor, color, caribe y mucho sentimiento.
Por Pilar Luna. Fotos: cortesía Ixelmoda.
Cuando Erika Rohenes me habló de que iba a hacer Ixel Itinerante en Valledupar me sentí muy feliz. Esa tierra que, sin conocer bien, al igual que el vallenato, “la llevo clavada en el corazón”.
Aunque soy muy bogotana, los vallenatos han hecho parte de mi vida desde que los descubrí cuando Rafael Orozco le preguntaba a un pajarito “¿por qué hoy estás triste?”. Cada letra, cada poesía, cada juglar, cada acorde de acordeón que escuchaba me fueron enamorando más de esa música que, como bien la describió García Márquez “cada vallenato que escuchamos nos arruga un sentimiento”.

Fue así como esta cita con Valledupar, con Ixelmoda Itinerante, fue algo mucho más profundo que ir simplemente a un desfile. Fue poder ver cómo ocho diseñadores llevaban a la pasarela algunas de esas canciones que he escuchado durante años, que he bailado, con las que me enamoré, con las que tuve tusas y con las que he llorado también.
La Casa en el aire de Zajar
El primero en salir a pasarela fue el momposino Hernán Zajar quien, con ese espíritu muy caribe, cálido, maximalista, llenó la pasarela con la historia de Ada Luz, la hija del maestro Escalona, a quien le “construyó” una casa en el aire para que “no la molestara nadie”.

Zajar viajó por sus famosas siluetas de faldas amplias, vestidos largos fluidos, chaquetas tipo blaizer; estampados muy coloridos con dibujos hechos por Peque, un artista vallenato, que dibujó parte de las telas Sutex, inspirados en los paisajes del río Guatapurí.

Otro que también ayudó con su arte fue el coterráneo de Zajar, Jhojan Moreno, quien ilustró buena parte de esos techos que representaban su casa en el aire.

La magia de Zajar no podía dejar de hacerle un guiño a García Márquez con las famosas mariposas amarillas de Mauricio Babilonia. Y como siempre busca enriquecer sus historias con artesanía, le dijo a la diseñadora María Claudia Fernández que le hiciera las carteras también alusivas a la letra de escalona, y los zapatos a Flor Chaparro con su marca Efecé.

Beatriz Camacho, un Amor sensible
La diseñadora cartagenera, que llevaba un buen tiempo sin aparecer en este tipo de desfiles, trabajó junto con la diseñadora emergente de origen vallenato, Daniela García, en una cápsula inspirada en el paseo de Freddy Molina, Amor sensible.

Fiel a su estilo, Beatriz llevó a pasarela su ya reconocido estilo de una moda muy sofisticada, femenina y romántica. La sensibilidad de la canción y el lenguaje poético de sus creaciones hicieron el match perfecto, sumándole a esto la mirada fresca de una creadora nacida en la tierra vallenata.

La inspiración de la diseñadora fue basada en la letra de la canción elegida: elementos del paisaje del Cesar como la Sierra Nevada de la que sacaron algunos de los tonos usados en las prendas; el silencio de la montaña, como una forma misteriosa de mostrar a sus mujeres; el río Guatapurí; el cielo y el vuelo de un pájaro herido.

Amor sensible, es una canción sobre un amor profundo y limpio, pero atravesado por la duda, la fragilidad y la posibilidad del desengaño. Fue grabada por Jorge Oñate con los Hermanos López en 1972 y años después se popularizó gracias a la versión de Carlos Vives incluida en Clásicos de la Provincia.
Lina Cantillo, Mi hermano y yo
La diseñadora barranquillera lleva 30 años con una pena honda en su corazón: su hermano menor falleció en un accidente cuando era muy joven y eso marcó su vida y ha inspirado algunas de sus colecciones.

La canción que escogió fue un homenaje para él. Mi hermano y yo, de Emiliano Zuleta que ha sido un himno no solo de los hermanos Zuleta, sino del vallenato en general, y para Lina fue una buena forma de recordarlo y rendirle un homenaje.
Para hacer esta colección también visitó el cerro del Santo Eccehomo, patrono de Valledupar y una de las imágenes más poderosas de la identidad espiritual vallenata. La diseñadora lo hizo parte de esta historia por lo que representa en esta introspección para su proceso creativo.


Con la letra de la canción como narrativa y la imagen de Santo Eccehomo como referente, su colección se paseó por las siluetas de los años 70, década en que se compuso el vallenato con una paleta de color inspirada en las piedras del río Guatapurí

“Mi hermano y yo es una poesía, sale del alma, del corazón. Está hecha de esfuerzo porque Poncho le decía a Emiliano, oye me quiero ir a dormir, estoy cansado… todo esto me fue inspirando”, dice la diseñadora.
Su cápsula habló de la fraternidad, de la memoria musical y la vulnerabilidad masculina mediante su reconocible lenguaje de sastrería contemporánea.

La creciente y Jorge Duque
El único diseñador del interior, Jorge Duque, llegó al vallenato de otra manera. Sin ser experto, dice que lo une la lírica, la música, la historia, la cultura popular, la feminidad, la prosa y el juglar, desde su sensibilidad como diseñador.

“No es difícil adentrarse en esas historias tan bellas que me llevan también a soñar y ampararme en esas cosas que tenemos en común para entender de qué se trata la feminidad en mi caso, como Jorge Duque”, dice.
Jorge escogió La creciente del maestro Hernando Marín, en la voz de Rafael Orozco. “Una canción que habla del amor impetuoso, del amor salvaje, del amor apasionado, de ese amor imposible, lo que me llevó a hacer un paralelo con las borrascas que bajan por el Guatapurí; las aguas tormentosas de la Sierra después de un gran aguacero; de los peces; del mito de la sirena que habita en el fondo del río; de las escamas; de ese espíritu sagrado que vive dentro de ese río que es el espíritu más profunda y más femenino de la mujer vallenata”, cuenta.

Y con todo eso, Duque hizo su propio manifiesto:
“El río Guatapurí no corre, canta.
Y cuando el acordeón suspira su primer compás, las aguas frescas se vuelven tumultuosas en la creciente con aguaceros que azuzan el caudal del valle y de su espuma dorada emerge ella: la sirena que guarda el río, la diosa vallenata que todo lo enciende.
Entre sus corrientes, los peces llevan el espíritu de la leyenda, y en el fondo, escondida, brilla una joya dorada que solo el río se atreve a mostrar; una canción de amor desesperada, un amor impetuoso de fuego y agua”.
Esa creciente inspira seis atuendos, seis olas, seis formas de llevar el vallenato en la piel.
Look 1:
Y ahí llega la mujer que yo más quiero, metáfora de acordeón, aire femenino y sensual.Corsé con perforaciones de aire y teclas de viento al costado, elaborado en caucho y piel vacuna con ensamble de ojalete y cordón, falda de georgette con ojalete y cordón.
Look 2:
Sentimiento inmortal de 1976, la sonoridad del fuelle de acordeón que respira notas musicales entonando poesía.Blusa de georgette con hombreras, canesú y cuello alto con falda mini de paillette con fuelles de acordeón elaborados en salpa y tafetta acentuados con plumas naturales.
Look 3:
El espíritu de la sirena del Guatapurí, de escamas doradas, fondos de una mochila tejida en un cordón infinito como el curso de la corriente que llena de fertilidad el valle, alma y diosa de la vida.Vestido de paillette dorado elaborado en cordón de lúrex en tejido de espiral, con cuentas doradas de metal.



Look 4:
Y así como crecen los arroyuelos, se crece también la sangre en mis venas.El río baja borrascoso formando torbellinos que llenan de fertilidad el valle, los peces y sembrados absorben la bendición de la creciente como un espíritu femenino y fecundo. Top elaborado en piel de pescado, tinturado con pepa de nogal y pantalón en telar de seda y lúrex con patrones verticales aguamarina.
Look 5:
La guacharaca resuena en cada rincón del valle con un grito ensordecedor, dejando ecos ancestrales que retumban con la caja y el acordeón, es la mujer que seduce con su ritmo oculto en lo más profundo de la sierra. Vestido de nylon y laminado metálico dorado.
Look 6:
Y así como las nubes se detienen, después de un vendaval viene la calma. A todo río le pasa la creciente, pero es el amor que llevo en mi alma.La diosa que nace en el valle, femenina, fértil y embriagadora como ambrosía. Manta elaborada en telar de pedal simple con hilos de seda, piliamida, polimetal y cobre. (Pieza de archivo JD 2010 “Herencias”). Mochila de cabuya kankuama.

Judy Hazbún, Sin medir distancias
Judy, quien lleva muchos años trabajando en moda circular, bautizó su colección “Hilar humanidad, sin medir distancias”. La barranquillera escogió la famosa canción de Gustavo Gutiérrez, inmortalizada por Diomedes Díaz, porque es una canción “que habla del dolor”.

“Estamos viviendo un momento muy especial -dice- con dolores que son nuestros y otros que son ajenos; pero sobre todo la tierra está viviendo un dolor muy grande porque está siendo explotada”.
Los seis looks que mostró la reconocida diseñadora, hija de Amalín de Hazbún, hablan de la “importancia de hilar humanidad. Porque somos nosotros lo que realmente podemos sostenernos entre nosotros”.


La cápsula presentó tejidos hechos en Valledupar por una familia de tres mujeres de herencia kankuamo; un look con el que abrió la pasarela y que se llama “el abrazo”.
Después siguió con “el cuidador del bosque” inspirado en el lugar donde vive el tití cabeciblanco “porque quiero que entiendan la importancia de cuidar nuestros bosques porque son nuestro barrio”.

El “jean empollerado” es una pieza tejida sobre un pantalón para que parezca una pollera y fue hecha por las tejedoras de barranquilla de cada una de las cinco localidades que se dedican a esto.
Luego hablo de la minería con un vestido que representa esa minería que estamos explotando y todo el tema del oro y de la tierra.

Y la cápsula cierra con una novia llena de terrazos, un vestido llamado Mayday, que habla de que “todos tenemos que poner al final para dejar de medir distancias, dejar de sentir dolor, abrazarnos e hilar humanidad”, dice la barranquillera.

Los caminos de la vida, por Naiduth Geles
La visión de Naiduth Geles, la hermana del maestro vallenato Omar Geles, del camino de la vida, obviamente recorrió todo el sentimiento de tristeza, pero también de esperanza, que ha vivido ella y toda la familia del fallecido artista.

Para la diseñadora vallenata, Los caminos de la vida nunca fue solamente una canción. Sus versos hablan de la infancia que compartió con su hermano Omar, de las dificultades que conocieron juntos y de Hilda Suárez, la madre que convirtió la adversidad en camino. “Los caminos de la vida, no son lo que yo creía, no son lo que parecían, no son lo que imaginaba…”

Por eso su cápsula fue también un sentido momento de memoria familiar. Los tres hijos menores del compositor abrieron el homenaje, el acordeón volvió a escucharse en sus manos y Maren García, su viuda, cerró la pasarela.



Naiduth consiguió que su hermano estuviera presente en cada pieza, sin convertir la ausencia en el final de la historia. Lo interpretó con tonos negros de luto, pero también con un azul cielo esperanzador, su nombre y figura grabada en cada pieza y acentos profundos de otros tonos, que mantiene vivo el legado de Omar Geles.

Porque algunos caminos, cuando están hechos de amor y memoria, continúan en quienes vienen detrás.

José Cuello y La cañaguatera
El diseñador vallenato estaba feliz de presentarse en la tierra que lo vio nacer inspirado en algo que para la región es prácticamente una religión: las cañaguateras.

“Yo me inspiré en la mujer del barrio Cañaguate. Mujeres muy elegantes, que siempre están al día en moda, van muy bien vestidas a todos lados, incluso a un funeral. Son mujeres que cuidan cada detalle”, dice Cuello.



La propuesta, según el propio diseñador, no usó imágenes para inspirarse, sino sensaciones, sentimientos. La cañaguatera, de Isaac Carrillo, era una mujer amada y perdida; la de José Cuello representa también a las mujeres que cosieron, bordaron, celebraron el carnaval y conservaron la memoria cotidiana del barrio.
Su cápsula brilló con negros, blancos, tonos moca; algo de pedrería; mucho brillo; plumas que según él eran parte de la escena de la primera gallera del barrio; los mismo que la reina del carnaval de los años 80 y que representó con vestidos inspirados en la época

Su pieza de novia, alejada del blanco tradicional y teñida del amarillo luminoso del cañaguate, resumió el gesto más bonito de la cápsula: vestir a la mujer vallenata con el paisaje y la historia de su propia ciudad y festejar la vida.
Darío Valencia, un homenaje a Gabo
El más representativo de los diseñadores vallenatos se inspiró en Vallenato Nobel, un tema de Rafael Escalona que le rinde homenaje a nuestro Nobel de literatura y que los Zuleta interpretaron en Estocolmo cuando García Márquez recibió el premio.

“Me inspiré en Cien años de soledad porque García Márquez siempre dijo que la obra era un vallenato de 350 páginas y plasmé algunas partes de lo que es la novela”, nos contó Valencia.
El diseñador dice que fue mágico hacer esta cápsula. Se leyó nuevamente Cien años de soledad y para él fue muy enriquecedor poder llevar esa magia a este encuentro de Ixel Itinerante en Valledupar.

Sobre la pasarela aparecieron mariposas amarillas, pescaditos de oro, flores, rastros de antiguas guerras y mujeres que parecían avanzar impulsadas por la misma brisa que elevó a Remedios la Bella.



La colección abrió con un viajero de liquiliqui y maleta antigua, la imagen de Gabo rumbo a Estocolmo. Así, música, literatura y moda cerraron un círculo profundamente caribeño: Escalona convirtió el Nobel en canción y Darío Valencia convirtió aquella canción en moda.

Mucho más que un desfile
Fue muy interesante ver cómo cada creador interpretó una canción. Cada uno con su historia, con su estilo, con su forma de asumir la moda, pero todos unidos por las ganas de llevar ese poema a la pasarela de una forma mágica.
Hemos dicho siempre que la moda es mucho más que ropa. Es comunicación, es expresión, en algunos casos es arte, es cultura, es color, son siluetas, es arquitectura, minimalismo, maximalismo, creatividad, vanguardia, son símbolos, lenguajes diversos… Y acá la moda también fue sentimiento, fue poesía.





