La petite mort confirma que es una de las firmas de moda más potentes y creativas del momento en Colombia. La colección Puertas adentro, presentada en Colombiamoda, celebra la casa como espacio simbólico y esencial.
Por: Beatriz Arango para Código Malva. Fotos: cortesía Inexmoda.
Los nombres de sus colecciones son pregunta y respuesta. Evocación y memoria. Alirio, Techo, Puertas adentro… ¿Quién es Alirio? ¿Qué cultiva? ¿Quiénes lo acompañan? ¿Qué hay bajo el techo de la casa? ¿Quiénes y cómo habitan de puertas para adentro?



Sus memorias que son las de la familia, las de los álbumes fotográficos antiguos (cartulinas negras y papel mantequilla) y también las de algún viaje al campo, recogen una esencia ancestral que se cruza con su excelsa sastrería, esa que ya es sello identitario y que Jonathan y Andrés firman en cada colección.
Recorrer con ellos la esencia de sus colecciones es hilvanar historias que rememoran las propias vivencias e infancias. Es caminar en el corredor de la casa de la abuela, escuchar la algarabía vespertina del patio, abrir la puerta y saludar a la vecina, ventanear para pasar el tiempo, organizar la sala para recibir visitas o pulir las cortinas que serán el fondo de la sesión fotográfica, con cuidado de no herir algún juego de porcelana.



Así se sintió la puesta en escena de su más reciente colección, Puertas adentro, en el marco de Colombiamoda: como un volver a casa, que es espacio emocional antes que físico. Que es memorias recogidas en las conversaciones familiares antes que una dirección o una referencia demográfica.
El lugar elegido permitió evocar esa presencialidad: el Patio de las azaleas, en el Jardín Botánico de Medellín, fue la casa de visibles tejas de barro y patio amplio por la que fluyeron las memorias de La petite mort.



Ahí estaban el negro y el color mantequilla como tonos que protegen el recuerdo y abrazan el cuerpo.
Cada prenda cuenta una historia
Te invito a imaginar que abres el álbum y empiezas a pasar páginas, te detienes en cada imagen, percibes la textura del papel y te dejas llevar por los detalles y las historias que cuentan la prendas.



Chaquetas en diferentes largos y siluetas, en las que los sentidos se detienen para memorizar las texturas que proponen los tejidos, en el final del saco o el cuerpo del mismo.
Aparecen movimientos en macramé, con chalinas elaboradas por artesanos de Cundinamarca, casi descolgadas sobre los sacos, en los que sobresalen los reconocibles maxi botones forrados de la firma.



Las corbatas son remplazadas por cintas de raso y los sombreros ponen techo a las edificaciones-cuerpos que sugieren los atuendos en pasarela.
Una de las disrupciones emocionales de La petite mort se expuso en Bogotá Fashion Week con la colección Techo, porque fue posible soñar y ver construcciones habitacionales sobre los cuerpos, como abrigo, protección y solaz.



Habitar los espacios
Ahora, la incorporación de accesorios en palma de iraca, a manera de pechera, corsés o fajones son estructuras que me llevan a pensar en las chambranas que distinguen y protegen las casas, el sentido de hogar y sus habitantes, del exterior.
Porque cada uno protege su ser y su espacio. Lo viste, lo habita…



Y porque sí, la materialidad de la moda, y de una moda como la que propone LPM permite este nivel de experiencia onírica, en la que fluimos con naturalidad y certeza, esa certeza de que un diseño nos llevó más allá, que trascendemos con la idea estética hacia nuestras profundidades personales.



Y por eso conmueven los sacos con las siluetas de puertas y ventanas sobre el pecho, que nos dicen que somos una casa, un hogar, que lo cultivamos y honramos día tras día. Que somos el tejido de las memorias de la casa de los abuelos y los padres, que nos abrazan en recuerdos o sueños, que solo a nosotros pertenecen. Y que la casa nunca deja de ser casa y hogar porque habita en cada uno.
Y que la podemos llevar en la mano como un soporte eterno. Así lo leí al ver en pasarela las casas elaboradas en palma de iraca a manera de bolso.



La petite mort es poesía. Lo suyo es una caricia al recuerdo. Un homenaje sentido. Una manera de hacer memoria a través de las colecciones que irrumpen en nuestra escena con una sutileza que conmueve y arropa.
- Leer con la cumbia Lejanía, de Lisandro Mesa, como fondo musical





