Anthony Vaccarello revisa el guardarropa masculino a través de una colección presentada durante la Semana de la Moda Masculina de París, donde el traje se aligera y la elegancia convive con formas menos rígidas de vestir.
Por: Juanita Gómez. Imágenes: tomadas de internet.

Entre la niebla que cubría intermitentemente la rotonda de la Bourse de Commerce de París, Anthony Vaccarello presentó la colección masculina primavera-verano 2027 de Saint Laurent, construida alrededor de una idea que el propio diseñador definió como “restraint as seduction”: la contención entendida como una forma de seducción.
La expresión resulta especialmente precisa para entender lo que ocurrió sobre la pasarela. A primera vista, el guardarropa parecía conocido: trajes, blazers, pantalones de vestir, chalecos, gabardinas y prendas de punto. Sin embargo, al observar cómo estaban construidas y estilizadas esas piezas, la aparente formalidad empezó a alterarse.

Vaccarello no eliminó los códigos tradicionales del vestir masculino. Los utilizó como punto de partida para imaginar a un hombre que puede seguir vistiendo un traje sin asumir todas las reglas que históricamente lo han acompañado.
El traje sigue ahí, pero sus reglas cambian
La sastrería ocupó buena parte de la colección, aunque alejada de una construcción excesivamente rígida. Vaccarello explicó que buscó “quitar, aligerar” las prendas mediante chaquetas sin forro, tejidos más finos y estructuras más suaves, en consonancia con un guardarropa pensado para el verano.



Los blazers conservaron hombros definidos y largos que, en algunos casos, descendían considerablemente sobre la cadera, pero fue la manera de llevarlos la que modificó su lectura.
Algunas chaquetas aparecieron directamente sobre la piel. Otras se cerraron parcialmente, dejando visible la cintura alta del pantalón e incorporando el espacio entre ambas prendas a la composición del look. Los botones adquirieron entonces una función que iba más allá del cierre: en determinados estilismos, una pieza ornamental concentraba la atención mientras el resto de la chaqueta permanecía abierto.



La referencia detrás de estos detalles provino de Tina Chow, modelo, diseñadora y figura de la escena cultural de los años setenta y ochenta. Vaccarello tomó como punto de partida su costumbre de transformar broches y pendientes en botones para esmóquines y trasladó la idea a chaquetas de dos y tres botones con piezas de apariencia joya.
Un pequeño gesto que resume buena parte de la colección: tomar una prenda reconocible y modificar la manera en que se percibe.
El pantalón vuelve a construir la silueta
Aunque las chaquetas dominaron visualmente muchos de los looks, los pantalones fueron fundamentales para definir las proporciones.



La colección insistió en cinturas altas, cinturones visibles y pliegues que aportaban volumen desde la parte superior. En lugar de recurrir sistemáticamente a las siluetas extremadamente anchas que han marcado buena parte de la moda masculina reciente, Vaccarello trabajó principalmente con una amplitud más controlada y caídas fluidas.
Una de las referencias surgió de las fotografías del expresidente francés Jacques Chirac durante las décadas de 1970 y 1980, que inspiraron algunos de los pantalones de cintura muy alta y cinturón marcado.



La proporción permitió que chaqueta y pantalón compartieran protagonismo. Esto resultó especialmente visible cuando los blazers permanecían parcialmente abiertos. El cinturón dejó de esconderse bajo la sastrería para entrar deliberadamente en la composición, mientras los pliegues comenzaban desde la cintura y conducían la mirada hacia zapatos alargados de punta marcada.
Mostrar piel sin abandonar la formalidad
Uno de los contrastes más claros apareció en la relación entre el cuerpo y la ropa.
Hubo torsos descubiertos bajo blazers y chalecos usados sin camisa. Los pañuelos de seda se ajustaron alrededor del cuello como gargantillas, incluso sobre looks prácticamente desnudos en la parte superior.



Y, en algunos casos, el pantalón desapareció por completo.
Algunos modelos recorrieron la pasarela con chaquetas combinadas con prendas interiores de punto o cuero extremadamente cortas. Vaccarello llevó así la reducción de la silueta hasta un punto casi literal: si la colección buscaba eliminar capas y estructuras, algunos looks terminaron prescindiendo también de una de las piezas fundamentales del traje.



No fue un gesto aislado dentro de la temporada masculina primavera-verano 2027, en la que distintos diseñadores exploraron largos reducidos y una mayor exposición de las piernas. En Saint Laurent, sin embargo, esta desnudez convivió con códigos inequívocamente formales.
Una masculinidad clásica “experimental”
El hombre que construye Anthony Vaccarello para Saint Laurent conserva elementos históricos del guardarropa masculino —sastrería, gabardinas, cinturones de cuero y zapatos de vestir—, pero encuentra nuevas maneras de llevarlos.



Los hombros marcados y los blazers alargados mantienen una sensación de autoridad, mientras el pecho descubierto, los pañuelos ajustados al cuello y las piernas expuestas introducen una masculinidad menos predecible.
La tensión entre tradición y provocación atraviesa la colección. Vaccarello mantiene la elegancia como punto de partida, pero altera su lectura mediante camisas brillantes, transparencias, prendas de punto y combinaciones inesperadas. Es esa línea entre lo clásico y lo transgresor —lo que el propio diseñador define como “classic and kinky”— la que sostiene la propuesta.



El color y el sportswear amplían ese lenguaje. Sobre una base de grises, beige, negros y marrones aparecen turquesas, burdeos, lima y amarillos, mientras chaquetas ligeras de nailon con hombros pronunciados se combinan con pantalones de vestir de cintura alta.
El archivo de Saint Laurent presente
Vaccarello volvió al pasado de Saint Laurent sin reproducirlo literalmente. Además de las referencias a Tina Chow, exploró los archivos de la casa de los años setenta y ochenta y recuperó como inspiración un tejido de apariencia envejecida utilizado durante la etapa de Alber Elbaz.



Hacia el final del desfile, esta referencia se tradujo en superficies doradas aplicadas a trajes y prendas exteriores de estructuras reconocibles. Después de un recorrido dominado por tonos contenidos, el dorado introdujo una opulencia vinculada al glamur de décadas pasadas.



La relación entre lo visible y lo oculto también estuvo presente en la puesta en escena. La instalación Cloud #07156, de la artista japonesa Fujiko Nakaya, envolvió la pasarela de la Bourse de Commerce en una niebla que ocultaba y revelaba progresivamente las siluetas. Los modelos aparecían y desaparecían entre el vapor, haciendo que las prendas y sus detalles fueran descubiertos gradualmente.
El hombre Saint Laurent, tradición y libertad
Tras una década al frente de Saint Laurent, Vaccarello ha construido un lenguaje que no depende de reinventar por completo al hombre en cada temporada. Su estrategia pasa por modificar proporciones, desplazar códigos entre guardarropas y recuperar referencias del archivo para someterlas a nuevas lecturas.

Cuando los últimos looks desaparecieron entre la niebla, quedó una idea que atraviesa el Saint Laurent de Vaccarello: lo clásico todavía puede provocar cuando cambian las reglas sobre cómo llevarlo.





