Son dos maestras en el arte sartorial, dos mentes audaces que rompen el molde y que desafían la manera convencional de crear, sin dejar de rendirle homenaje al oficio del sastre. En las colecciones que presentaron en el pasado Bogotá Fashion Week, así lo demostraron.
Por: Juliana Villegas. Fotos: Cortesía BFW.
En el arte de la sastrería, un mundo casi dominado por la visión masculina, dos mujeres se han dedicado a romper el molde colección tras colección. Aunque sus carreras difieren en el número de años, tienen algo en común: la búsqueda permanente de la reinterpretación del oficio para mantenerlo vigente y, sobre todo, relevante.



Y no es que lo clásico haya pasado de moda. No. Simplemente no puede verse obsoleto y menos en un tiempo en el que la inmediatez es ley.



Ellas, con sus mentes agudas y sus manos expertas, desafían cada temporada el reto de continuar una tradición, volviéndola fresca en cada apuesta.
Lina Cantillo, Newstalgia, la nostalgia de la tradición
Honrar lo tradicional no significa ser aburrido, así las nuevas generaciones piensen lo contrario. Todo se ha creado; el arte es hacerlo ver fresco, mostrarlo con una visión original, y en eso la sastrería es tan adaptable como otros universos de vestuario.



En su colección para el Bogotá Fashion Week, Lina hace una declaración que es a la vez nostálgica y contemporánea: el arte está en sacar la sastrería de su zona de confort, sin que deje de ser lo que es. Esto es atreverse a mezclar texturas, colores y materiales, desdibujar los límites y crear estéticas frescas.



Lo nuevo es mostrar que lo tradicional se ve tan vigente hoy como antes. Por eso Lina propone looks monocromáticos en los que se evidencian texturas sutiles; combina un frac con jeans desgastados o una camisa vaquera con pantalón de vestir; le hace plisados a las camisas; le apuesta a las solapas rectangulares; vuelve más anchos los pantalones y, además, los acorta; crea sacos con puntadas más abiertas, casi como mallas, para usar como básicos; utiliza cordones como cinturón y convierte el confort en una declaración de elegancia.



Además, le hace un homenaje a la sastrería a través de pequeños, pero significativos guiños, como mostrar las puntadas de manera evidente y poner tijeras o pedazos de tijera como broche, porque la labor del sastre está en eso: en darle valor a los detalles.
Faride Ramos, La sastre.
En esta colección, la diseñadora momposina profundiza en cómo, a través de este oficio, las mujeres han tenido que superar numerosas barreras, especialmente las de género. Por eso la llamó “La sastre”, ya que el artículo femenino «La» rara vez se usa para referirse a una sastra.



Su colección es, entonces, un homenaje a la sastrería, destacando el rol olvidado de la mujer en este oficio, y lo hace a través de piezas que evolucionan el tradicional origen masculino de este universo de vestuario, para adaptarlo al femenino. Es decir, deconstruye para reconstruir.


De ahí que use la corbata como cinturón, proponga nuevos cierres para las camisas de abotonar, usando una especie de pañuelo doblado y cruzado, y también para las chaquetas de los trajes, cerrándolas en una diagonal más dramática. Que sacara los cuellos y los puños de las camisas para utilizarlos como ornamento, dejara hilos colgantes a manera de flecos, les pusiera cola o media cola a los blazers, combinara vestidos asimétricos de seda con pantalón de vestir, transformara la silueta de un pantalón clásico en falda y, como Lina, dejara en evidencia las puntadas para honrar su oficio con una mirada femenina.





