La segunda edición de Puente, el colectivo de moda popular que se presenta en el Bogotá Fashion Week 2025, gracias a la iniciativa de la Cámara de Comercio de querer acortar brechas, subió a la pasarela once marcas de San Victorino y el Restrepo, que presentaron propuestas novedosas de cuero, denim, tejido de punto… sin perder su esencia.
Por Pilar Luna
Una de las pasarelas más esperadas —y aplaudidas— del reciente Bogotá Fashion Week no vino con un apellido europeo, ni con un desfile de egos ni lentejuelas desbordadas. Se llamó simplemente «Puente«, y como su nombre lo dice, conectó dos mundos que durante mucho tiempo parecieron caminar por aceras opuestas: el de la moda de las entrañas del comercio popular —San Victorino y el Restrepo— y el de las propuestas de los diseñadores más reconocidos del país.



Y esa unión, que arrancó el año pasado con la primera versión de este “Puente”, no solo fue poderosa, fue y es necesaria.
«Victorinos y Restrepos»: protagonistas del sistema moda
Lo que antes se veía como “moda para vender” y no como “moda para desfilar” empezó a romper estigmas. Las marcas que participaron en «Puente» llegaron con una historia detrás: de abuelas modistas, de papás comerciantes, de mujeres cabezas de hogar que aprendieron a coser para sacar adelante su hogar, pero también con una mirada aguda sobre el presente.



No se trató de homenajear la tradición desde la nostalgia, sino de leer la calle con nuevos ojos y esto se hizo bajo la batuta de Pilar Castaño, quien ha sido la encargada de llevar a cabo esa curaduría.



Hubo denim desestructurado con carga política, como el que mostró Cannabis, una marca que usa el pantalón vaquero para hablar de libertad, de ruptura, de identidad.



También vimos la propuesta lúdica de Ismo, que convierte prendas básicas en un juego visual: telas que recuerdan juguetes, cortes que parecen salidos de un cómic, y una apuesta que hace sonreír.



Y entre esas dos, transparencias, corsetería, tules, brillos, cuero, tejidos y detalles que llevan la moda masiva a otro nivel y le imprimen un aire un poco más actual y hasta glamoroso, sin perder su esencia. Es importante recordar en estos ejercicios creativos que, aunque se buscan elevar un poco la propuesta, es clave entender que precisamente se trata de moda comercial, usable y cercana a su consumidor.



«Puente» también reunió el trabajo de otros nueve talentos que demostraron la diversidad estética y conceptual que emerge de San Victorino y el Restrepo. Lisantiny apostó por siluetas femeninas con acentos urbanos; NK sorprendió con su enfoque técnico y materiales innovadores; Kott Risk exploró el universo del denim con una mirada audaz.



Seven7 y Divina Collection llevaron al escenario propuestas con una fuerte carga comercial sin perder el toque de diseño; mientras que With Love Maria y Cueros Unipiel mostraron el poder de la artesanía aplicada a nuevas narrativas. Finalmente, El Maletero y 0C59 ofrecieron colecciones que se movieron entre la funcionalidad y el statement, completando así una muestra que no solo vistió la pasarela, sino que reafirmó que la moda popular también innova, emociona y proyecta.



Cada una, con sus cuatro salidas en pasarela, de las 11 marcas participantes, dejó claro que el talento de estos territorios no solo existe, sino que está listo para tomarse el lugar que le corresponde en el sistema moda colombiano.



Una pasarela que transforma
Lo más potente de Puente no estuvo únicamente en lo visual, sino en el trasfondo. La Cámara de Comercio de Bogotá no solo los seleccionó, los puso a desfilar y ya. Los acompañó, los asesoró, los conectó con compradores, y les abrió la posibilidad de llevar su trabajo a otros escenarios: de Bogotá a Nueva York, de la vitrina al mundo.



Más allá del estilismo y los flashes, esta fue una pasarela que cambia realidades. Que les da a sus protagonistas algo que vale más que cualquier tendencia: legitimidad.



¿Y si empezamos a mirar hacia abajo para crecer hacia arriba?
Lo que vimos en «Puente» no es una excepción, es el inicio de un camino. El sistema moda en Colombia necesita reconocer que mucho de lo que le da vida, volumen y valor, no sale de los estudios ni de las incubadoras de marcas de lujo, sino de los talleres escondidos entre los barrios más populares de Bogotá; de los retazos convertidos en piezas únicas; y de una intuición creativa que no se aprende, se hereda.



Porque la moda, cuando es auténtica, no distingue entre pasarelas y calles, sino entre propuestas que conectan y las que no. «Puente» conectó. Y nos recordó que, a veces, lo más contemporáneo no está en el futuro, sino en mirar con otros ojos el presente.





