Dos décadas después de haber marcado a toda una generación —dentro y fuera de la industria— El diablo viste a la moda vuelve a escena. No como un ejercicio de nostalgia, sino como una lectura muy actual del sistema moda, sus tensiones internas y su inevitable transformación.
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Casi veinte años después de haber definido el imaginario moderno del mundo editorial de la moda, El diablo viste a la moda vuelve a escena. El pasado primero de febrero, 20th Century Studios reveló el primer tráiler oficial de la segunda parte, confirmando lo que la industria —y varias generaciones— llevaban años esperando: Miranda Priestly, Andy Sachs, Emily Charlton y Nigel están de regreso.
El estreno de la secuela está programado para el 30 de abril de 2026 en América Latina, con estreno mundial el primero de mayo, apenas días antes de la Met Gala, un detalle que no es casual. La alfombra roja más influyente del sistema moda no solo marcará el calendario del lanzamiento, sino que aparecerá como escenario clave dentro de la película, reforzando su papel como epicentro simbólico del poder, la narrativa y la jerarquía en la moda global.
Runway, veinte años después
Dirigida nuevamente por David Frankel y escrita por Aline Brosh McKenna, la película reúne al elenco original: Meryl Streep (Miranda Priestly), Anne Hathaway (Andy Sachs), Emily Blunt (Emily Charlton) y Stanley Tucci (Nigel), quienes regresan a las sofisticadas oficinas de Runway y a las calles de Nueva York que convirtieron a la primera cinta en un fenómeno cultural en 2006.

La trama, según revela el tráiler, se centra en una Miranda enfrentada al mayor desafío de su carrera: el declive de las revistas impresas y la transformación radical de la industria editorial. Esta vez, el conflicto no viene desde abajo, sino desde el mismo sistema que ella ayudó a construir. Emily Charlton, ahora convertida en una poderosa ejecutiva de un grupo de lujo global, posee el capital publicitario que Miranda necesita para sobrevivir.


No es solo un choque de personajes, es una tensión generacional, económica y cultural que refleja el momento real que atraviesa la moda.
La Met Gala como símbolo narrativo
Uno de los elementos más comentados del adelanto —y de las imágenes exclusivas reveladas por Vogue— es la presencia de la Met Gala dentro del universo de la película. No como simple telón de fondo, sino como escenario narrativo central, una suerte de “Met Ball” propio de Runway, donde poder, estética y política cultural se cruzan.

Para estas escenas, el vestuario fue concebido con una intención clara: siluetas clásicas, referencias a Audrey Hepburn y Alta Costura contemporánea, incluyendo un vestido hecho a la medida por Balenciaga bajo la dirección de Pierpaolo Piccioli, además de piezas de Dior (Jonathan Anderson), Gabriela Hearst, Sacai, Jean Paul Gaultier vintage, Armani y Ulla Johnson.

Como explica la diseñadora de vestuario, Patricia Field Rogers, esta segunda entrega no busca replicar el exceso fashion de 2006, sino reflejar a mujeres maduras, poderosas y conscientes de su historia.
Andy Sachs: volver sin retroceder
Uno de los arcos más interesantes es el de Andy Sachs. Lejos de la asistente insegura de la primera película, Andy regresa a Runway tras una carrera en el periodismo de investigación, con un estilo más masculino, vintage y contenido. Trajes a la medida, corbatas, perlas discretas y relojes clásicos construyen una estética que no busca aprobación, sino identidad.

“Ahora son mujeres maduras, y no queríamos que parecieran veinteañeras”, explicó el equipo de maquillaje. La belleza en esta secuela es más limpia, más real, más consciente del paso del tiempo. Porque si algo dejó claro El diablo viste a la moda hace dos décadas, es que la moda también envejece, evoluciona y se reescribe.
Un legado que no perdió vigencia
Estrenada originalmente en 2006 y basada en la novela de Lauren Weisberger, la primera película fue una sátira feroz del sistema moda, inspirada en la figura —nunca confirmada, pero ampliamente asumida— de Anna Wintour.

Su impacto fue tal que muchos diseñadores evitaron participar por miedo a incomodar a Vogue, aunque figuras como Valentino Garavani, Gisele Bündchen y Heidi Klum sí aparecieron en pantalla.
Paradójicamente, años después, Wintour asistiría al estreno vestida de Prada.



Con un vestuario que utilizó cerca de cien marcas y un costo estimado de un millón de dólares, El diablo viste a la moda se convirtió en la película de moda más influyente de su época. No solo por su estética, sino porque puso en palabras algo que pocos se atrevían a decir: que la moda es industria, poder, sacrificio y lenguaje cultural.
El diablo viste a la moda 2 más allá de solo ser una secuela, es una lectura actual del sistema moda, atravesada por la digitalización, el lujo corporativo, la nostalgia y la necesidad urgente de reinventarse.




