El diseñador francobelga redefine los códigos de la maison con una propuesta que celebra la libertad, el movimiento y el legado de Gabrielle Chanel. Un debut estelar que marca el inicio de una nueva era para una de las casas de lujo más emblemáticas del mundo.
Por Juanita Gómez Zapata. Imagénes tomadas de internet.

El Grand Palais de París se transformó en un sistema solar de luces, color y movimiento para recibir el debut de Matthieu Blazy al frente de Chanel. Bajo un cielo de planetas luminosos suspendidos sobre un suelo negro reflectante, el diseñador presentó su primera colección primavera-verano 2026, considerada ya uno de los desfiles más importantes de la década.
El reto no era menor: reinventar una marca con más de un siglo de historia y un imaginario tan sagrado como saturado. Pero Blazy, con su maestría artesanal y su visión moderna, logró lo impensable… devolverle a Chanel una frescura y una irreverencia que para muchos no se sentían desde la era Lagerfeld.
Un Chanel libre, moderno y profundamente humano
El diseñador —discípulo de Raf Simons y antiguo director creativo de Bottega Veneta— apostó por una colección que dialoga con los códigos de la maison sin replicarlos.
Las camelias, las perlas y el tweed no desaparecen, pero se transforman. El tweed se vuelve ligero, las flores se desdibujan sobre la seda y las perlas se sustituyen por bordados que brillan con sutileza.



Blazy rescata la libertad de movimiento que Gabrielle Chanel introdujo en la moda del siglo XX. “Me interesó la revolución que trajo consigo y cómo decidió por sí misma lo que podía ser”, explicó tras el desfile.
Esa filosofía se tradujo en faldas bajas y despreocupadas, camisetas de seda tejidas con técnicas de los años veinte, y trajes de líneas masculinas reinterpretados con delicadeza.



El nuevo traje Chanel, con hombreras marcadas, pantalones amplios y zapatos Oxford, reinterpreta la idea de poder femenino desde la comodidad y la elegancia relajada.
A su vez, las camisas Charvet —creadas en colaboración con la icónica sastrería francesa— y los bolsos hechos en distintos materiales (cuero, metal, tweed) y diseños aportaron un toque de autenticidad vivida, como si fueran reliquias heredadas.



Un cierre que alcanzó las estrellas
El desfile culminó con un estallido de color: la modelo Awar Odhiang apareció con una falda a modo de una explosión de tweed multicolor que sintetizaba toda la energía del nuevo Chanel.


Acompañada de una camiseta de seda abierta en la espalda, la modelo bailó hacia Blazy en medio de una ovación de pie, sellando uno de los momentos más emotivos de la Semana de la Moda de París.
“Todos miramos el mismo cielo. Todos vemos las estrellas”, dijo Blazy tras bambalinas. “La moda debe ser universal, bella y libre.”
Chanel, nuevamente en órbita
Con este debut, Matthieu Blazy reinterpreta los símbolos de la maison y los rejuvenece sin despojarlos de su alma. En su universo, los tejidos se desgastan para ganar historia, los accesorios se arrugan para recordar el paso del tiempo, y la elegancia ya no es una rigidez, sino un movimiento.

Entre el rigor de su formación en Margiela, la sensibilidad de Phoebe Philo en Céline y la experimentación de Bottega Veneta, Blazy ha construido un Chanel que se siente nuevo, necesario y profundamente emocional. Su colección no buscó destruir los cimientos de la casa, sino reencender su corazón.
Bajo las luces del Grand Palais, Chanel volvió a mirar hacia las estrellas. Y esta vez, el universo le pertenece.





