A pesar de que hoy hay más personas hablando de moda, cada vez existen menos medios de comunicación especializados en el tema. Entonces, ¿dónde está quedando registrada la historia? La trastienda olvidada de la moda nacional…
Por: Juliana Villegas y Pilar Luna. Fotos: archivo.

La moda colombiana está en su mejor momento. Y aunque suena a frase de cajón, no lo es: nunca en la historia de la industria los ojos del mundo se habían volcado atentamente a este rincón del planeta, ya no con una mirada exótica, sino realmente interesada en lo que acá ocurre y en cómo esta visión fresca, no necesariamente tropicalizada, tiene algo que decir, y es tan importante que nos ven.
Este panorama debería estar acompañado por unos medios de comunicación cada vez más especializados en el tema, desde revistas y periódicos, hasta noticieros de televisión. Sin embargo, no es así. Cada vez hay menos, y hablan de moda como en los años ochenta: muy superficialmente. En esa época había pocas voces que replicaran de manera profesional las historias detrás del oficio, así que muchos medios hablaban más de lo anecdótico, lo social y los estético, y no de su influencia en las artes, las humanidades e incluso en lo económico, lo cultural, lo sociológico, y, sobre todo, lo histórico.

Hoy, 40 años después, hay muchas voces expertas en el tema, formadas desde la experiencia y el amor tanto por el periodismo como por la moda. Lo paradójico es que en estos días los medios son escasos, muy escasos.
Hace 10 años, en el panorama había dos revistas de moda y otras tantas de estilo de vida, con plumas respetadas y valoradas en la industria. Ya no queda nada de medios y las plumas tratan de subsistir en un entorno que le ha dado más relevancia a los creadores de contenido e influenciadores, que sin lugar a dudas tienen buenas intenciones y hacen parte del sistema moda, pero con contadas excepciones, se quedan en la forma y no exploran el fondo, la tras escena.

Hoy, en Colombia, se sigue perpetuando una manera banal y superficial de ver la moda, alimentada por el afán de los clics y la viralidad que lo mantienen en lo anecdótico, lo polémico o lo light.
¿Y las voces expertas?
Más allá de eso, algunas marcas e incluso diseñadores, además de sus agencias de comunicaciones y relaciones públicas, se han encargado de restarle valor a esas voces expertas, dejándolas poco a poco de lado para darle toda la relevancia a quienes tienen muchos o pocos seguidores en redes sociales, postean un sencillo “estoy en este evento” “me puse esto…” y no le dan contexto, no hablan de la historia que hay detrás de, de su relevancia en el momento histórico, lo que hay en la trastienda de la inspiración…

Estamos presenciando una era en la que cualquiera es “experto”. De hecho, ya no se necesita ni tener algunos años trabajando en esto, ni mucho menos tener un voz crítica con conocimiento, basta con tener seguidores y verse como expertos (en moda es fácil porque se tiene la creencia de que quien se viste con estilo, sabe del tema).
Seguro todos estos personajes tienen algo que decir porque cuentan con una manera diferente de ver la industria, pero no pueden ser los validadores de los diseñadores y mucho menos, quienes se encarguen de informar y dejar documentada todo lo que pasa en la industria del país.

Entonces, ¿quién está documentando la moda en Colombia? Esas voces expertas que siguen resistiendo desde portales especializados y blogs, o desde las páginas de los pocos medios que aún quedan. Sin embargo, no son suficientes para una industria en expansión. Y muchas veces lo hacen desde la resistencia, sin mayores recursos para mantenerse que los propios.
Todas las voces son válidas en tanto sumen al desarrollo de nuestra industria nacional, pero no todas dicen algo que realmente sume. Y las que se empeñan en contar las historias con responsabilidad y profesionalismo, incluso con una mirada crítica, han ido quedando relegadas.


Y queremos dejar claro que eso no es una guerra de novedad vs. experiencia. La realidad es que si seguimos por este camino no habrá un registro serio y concienzudo de la historia de la moda nacional en un momento en que hay tanto por mostrar y por contar.
Un trabajo sin visibilidad
Cuando un desfile está lleno a reventar, en medio de alguno de los eventos más importantes del país como puede ser el BFW o Colombiamoda, que se hace llamar la Semana de la Moda de Colombia, nos sentimos felices porque quienes venimos cubriendo moda en el país constantemente vemos que cada vez hay un interés mayor por este tipo de pasarelas.

El problema radica en que se convirtieron en eventos sociales en los que solo importa estar ahí, producirse para las redes sociales, los clics, los likes… y todo lo que hay detrás se queda en el olvido. Se queda en el backstage, literalmente.
Un desfile tiene un trabajo enorme tanto del diseñador, como de todo el equipo de producción y casi a nadie le importa conocerlo. Al no hablar de su inspiración, de sus siluetas, de sus texturas, de su narrativa, del estilo del creador, del entendimiento de su propuesta, se está perdiendo por completo la razón de ser del oficio. Se está dejando a un lado la historia. Se está creyendo que la moda es banal, que no hay nada detrás que la respalde, que la justifique.

Decimos que la moda no es frívola, pero si no la explicamos desde su parte económica o desde una manifestación cultural, un fenómeno sociológico, una forma de dejar testimonio de una determinada sociedad, va a seguir siendo algo profundamente contradictorio. La frivolidad no es de quien lo hace, sino de quien lo interpreta y lo cuenta.
La historia de la moda no se construye solo con ideas, telas, pasarelas y aplausos. Se escribe, se archiva, se cuestiona. Y si no lo hacemos hoy, corremos el riesgo de que mañana nadie pueda contarla.

Que este texto sea una invitación a documentar, a respetar la voz de quienes investigan, a exigir medios que vayan más allá del look del día. Porque si no lo contamos nosotros, nadie más lo va a hacer.
Desde que arrancó Código Malva, hace ya diez años, ha buscado que estas voces sigan documentando la moda de una manera muy profesional y ahora queremos hacerlo con mucha más fuerza. Esta es una nueva etapa que arranca con la convicción de que no podemos desfallecer en nuestro propósito de entender que la moda colombiana se merece un espacio digno en el que sus protagonistas, sean realmente quienes narren lo que aquí pasa.





