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A raíz de la conmemoración del Rana Plaza, Lilliyana Mejía, experta en temas de sostenibilidad, reflexiona para CÓDIGO MALVA sobre las acciones que ha hecho y debe hacer el mundo de la moda.

Lillyana Mejía Gutiérrez* @lillymejiap Fotos: Depositphotos

Hay una realidad que no se dice a viva voz, pero está presente, es como una sombra que ha acompañado y servido para que las industrias transiten hacia la sostenibilidad y la moda no es ajena a este hecho.Me refiero a los desastres, circunstancias que ponen en evidencia que la manera como estamos haciendo las cosas, no está bien.

La industria de la moda es la segunda más contaminante del planeta

Hay varios hechos históricos relacionados de alguna manera con la industria de la moda, sin embargo, su transcendencia ha estado asociada a otros movimientos como los Derechos humanos, derechos laborales o seguridad industrial. Por ejemplo, el incendio de Triangle Shirtwaist Factory, el 25 de marzo de 1911, en New York donde perdieron la vida 146 trabajadores, la mayoría de estas víctimas eran mujeres inmigrantes entre los 14 y 23 años. Este hecho sirvió de base para la conmemoración del día de la mujer.

No fue sino hasta el 24 de abril de 2013, que le llegó el turno a la industria de la moda, cuando el derrumbe del edificio de Rana Plaza en Dhaka capital de Bangladesh, puso de manifiesto las terribles condiciones e impactos a nivel social, de este sector productivo. Considerado el desastre más mortífero de la historia de la industria textil, si bien, ya se venían dando hechos aislados que reflejaban está realidad, fue este incidente el que marcó de alguna manera la transición de la industria hacia la sostenibilidad empresarial.

Rana Plaza fue determinante, en parte, por su impacto mediático, sin embargo, ya la industria venía siendo fiscalizada por algunos medios de comunicación, por la academia y por organizaciones de la sociedad civil, y la conversación sobre cómo se debía hacer el tránsito hacia una gestión sostenible en esta industria.

Hay que replantear los procesos de fabricación de la ropa

La Revista LIFE en junio de 1996, denunció a NIKE por explotación infantil.  En el 2011 Greenpeace lanzó su campaña DETOX, enfocada en poner fin a la contaminación de ríos y océanos por el uso de sustancias químicas contaminantes y a comprometer con un vertido cero de estas sustancias para 2020. Esta apuesta logró involucrar a 80 empresas de moda con la eliminación de sustancias químicas peligrosas de su cadena de suministro. También en 2011, Lucy Siegle, publica el libro To Die For: ¿Is Fashion Wearing Out The World?, la autora reflexiona sobre la manera desmedida en el consumo de moda y analiza las condiciones de explotación social y los impactos ambientales de esta industria.

Entonces, ¿será que la industria de la moda está llegando tarde a la conversación sobre sostenibilidad?

¡La respuesta es no! Para explicar mejor esta posición es preciso decir que la Sostenibilidad Empresarial es una visión estratégica de los negocios y que su aplicación en las empresas implica transformaciones radicales a todo nivel. La idea de prosperidad empresarial “no depende de hacer un sistema destructivo más eficiente sino en transformar el sistema” (McDonough, 2003). Donde sea posible crear valor a largo plazo, aprovechando las oportunidades y gestionando eficazmente los riesgos inherentes al desarrollo económico, medioambiental y social. Abarca una extensa variedad de temas, muchos de ellos novedosos para las empresas.

El reciclaje de la ropa es uno de los caminos de la moda ética

Ahora, lo que sí resulta insólito es la marcada diferencia que hay entre la forma como se aborda este tema en Europa o Estados Unidos y América Latina, mientras los primeros, en su discurso se acercan más a las concepciones y herramientas técnicas y metodológicas dadas desde el “mundo de la sostenibilidad”. En América Latina, en especial en Colombia, el abordaje es segmentado y confuso.

La aproximación a la sostenibilidad empresarial, en muchos casos es “intuitiva, orgánica” y esto no solo aplica a las empresa o marcas de moda, esto se presenta en muchos sectores. Lo que sí es evidente es lo sola que está la industria colombiana de la moda en este tránsito hacia la sostenibilidad.

Existen iniciativas y proyectos muy valiosos, un ejemplo de esto es la publicación en el 2012 del primer y hasta ahora, el único Informe de Sostenibilidad del sector Sistema Moda, documento que brinda luces importantes sobre cómo se aborda este tema en el país, desafortunadamente esta iniciativa no trascendió. También las Cámaras de Comercio, en especial la de Bogotá, a través de sus ciclos de mesas redondas-MODA 360.

Hay muchos esfuerzos aislados por tener ropa con principios sostenibles, pero en Colombia todavía falta mucho camino por recorrer.

Organizaciones como INEXMODA, han realizado esfuerzos importantes por estimular la conversación y la transformación, sin embargo estas iniciativas parecierán llegan a un público limitado y no logran el acompañamiento que requieren las empresas y las marcas de moda, en especial las pequeñas.

Quizá esta nueva realidad que nos ha “regalado” está pandemia, es esa gran “catástrofe” que  finalmente movilice a toda la industria de la moda hacia la sostenibilidad, no como la panacea de crecimiento y generación de valor económico desmedido que aún retumba como modelo o como una forma para salir de la crisis, sino más bien como un DEBER SER, porque es buena para el negocio, para las personas y para el planeta, porque a través de las estrategias de sostenibilidad las empresas del sistema moda serán más resilientes ante las realidades que anuncia nuestra coyuntura o tan solo porque LA SOSTENIBILIDAD DE ESTE PLANETA NECESITA DE TODOS!

*Lillyana Mejía Gutiérrez, abogada de profesión de la Universidad San Buenaventura Cali, con estudios en mediación en conflictos de la Pontificia Universidad Javeriana Cali. Su vida profesional se ha dividido en dos partes, una relacionada con el trabajo en anticorrupción, la docencia, la investigación, movilización de recursos (fundraising) y el trabajo con población en situación de desplazamiento. Desde hace 10 años ha estado inmersa en el mundo de la sostenibilidad empresarial, especialmente, en la arista social.

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