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El diseñador paisa presentó una colección inspirada en el mundo prehispánico. Su vanguardia se paseó magistralmente por el escenario del BFW con una propuesta cargada de elementos cuya narrativa está llena de significados.

Por Pilar Luna

Es un hecho que cada colección de Jorge Duque es toda una aventura creativa y un ejercicio narrativo sin límites. Él siempre lo dice: “si no me divierto con esto, ¿para qué hacerlo?”. Pero esa diversión de la que habla este genio del diseño está sustentada con una enorme investigación del tema con el que juega durante su proceso de creación y de una experimentación que lo lleva a navegar entre infinidad de propuestas textiles que enriquecen infinitamente su historia.

La colección que presentó en el Bogotá Fashion Week tiene todos estos ingredientes que hacen que Duque sea uno de los diseñadores de vanguardia más importantes del país. Nunca se queda quieto, ni se conforma con hacer solamente ropa comercial, sino que siempre busca ir mucho más allá y transitar entre la sublimación de un trabajo que en cada pieza cuenta una historia y que solo entrando en su mundo y oyéndolo hablar se entiende la magnitud de lo que hace.

Esta historia es una continuación de su proceso anterior en el que se metió en el mundo prehispánico. Duque habla de una especie de Moisés Cósmico que es el origen de todo y que cae en la América indígena, en la zona andina para viajar en un mundo en el que el significado del oro, de la plata y de los metales preciosos, era muy significativo. “Los indígenas se bañaban en oro, aquí lo que quiero es ofrendar a la mujer”, dice con ese entusiasmo con el que siempre cuenta esa historia que lo hace vibrar en cada colección.

Su propuesta es un gran homenaje a nuestra cultura prehispánica en la que San Agustín es su punto de referencia como una conexión con lo divino. Aparecen entonces, en forma de corsé, animales sagrados como el jaguar y el colibrí.  El “verde andino” se vuelve protagonista y un bosque de niebla se deja ver en medio de un traje de flecos que nos lleva a esas enormes cumbres de la región. Piezas con mucho brillo hablan del significado de la ornamentación para nuestros antepasados y redime a una mujer adornada. También se mete con el significado de los ritos a través de los atavíos.

Jorge experimenta con toda clase de texturas. No le da miedo usar materiales naturales como alpaca o cuero y mezclarlos con unos mucho más industriales cómo teflón y PVC. Usa piedras en forma de apliques para rendirle un homenaje al cacao y a todo lo que las culturas indígenas hacían con él y graba en texturas sintéticas varios de los dibujos indígenas de la región. Por eso también estampa recordando las tinturas naturales de antaño. Pero sus dibujos transitan entre lo ancestral y algo mucho más urbano y actual. Se inspirada en la obra del Dr. Lakra, un artista mexicano con toda la estética latinoamericana grafitera, y la fusiona con la simbología de la cultura muisca.

Y para rematar, el diseñador paisa también le hace un guiño a Madame Grés y a los años 70, una época que siempre evoca. Y sigue dándose licencias creativas cuando al final saca a todas sus modelos con unas enormes chaquetas acolchonadas grabadas con las figuras sagradas de San Agustín. Todo es permitido en medio de ese juego en el que se embebe.

 

 

 

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